Cuando me casé
nunca me imaginé
que aquel hombre bueno,
cariñoso,
del que me enamoré
llegaría a hacerme aquellas cosas,
cosas,
que me harían perder la fe.
Primero empezaron los celos,
la desconfianza,
las voces,
era tanta su presión sobre mí,
que llegué a pensar en morir,
sin saber,
sin tan siquiera imaginar,
que lo peor estaba por venir.
Me quedé embarazada,
y ahí empezó mi calvario,
no me dejaba hablar con nadie,
hermanos, padre, madre,
ni con la gente del barrio.
Tuve a mi hija (Esperanza de nombre)
una niña preciosa,
la vida sonreía
por darme aquella niña tan maravillosa.
Pero con esa alegría
llegó mi infierno,
palos, voces, tirones de pelo, patadas.
Nunca pensé que saldría en un periódico
y mucho menos que sería la portada.
ANA Mª SEGURA RUIZ